La relación médico-paciente

 

La relación médico-paciente no tiene por qué ser distante e impersonal. Debería basarse en un diálogo auténtico, y requiere que el dermatólogo escuche de una forma activa.

 

La psoriasis es una enfermedad crónica con lesiones visibles. Causa unos daños psicológicos en mayor o menor medida, que se caracterizan por una imagen alterada de sí mismo, disminución de la autoestima y una mayor inseguridad. Los pacientes no solamente sufren físicamente, sino también mentalmente. Antiguamente los médicos consideraban a las enfermedades dermatológicas como menos graves que las que comportan un riesgo vital como el cáncer, o las enfermedades crónicas que causan dolor y discapacitación, como la artrosis. No obstante, los pacientes experimentan los mismos problemas cuando se enfrentan a la psoriasis que los que se experimentan con estas enfermedades "graves".

 

Escuchar activamente

 

Muchos pacientes sienten que su dermatólogo no tiene suficientemente en cuenta el impacto que ejerce la enfermedad sobre su calidad de vida, que no les escucha adecuadamente o no les consulta en lo referente a la terapia. Una forma de escuchar poco atenta puede tener como resultado que el paciente empiece a ir de un médico a otro. Por otra parte, los pacientes cuyos médicos les escuchan con atención se adherirán mejor al tratamiento prescrito y le harán frente a su enfermedad con más éxito. La relación médico-paciente debe ser armoniosa para poder hacer frente a los dos retos principales que plantea el carácter crónico de la enfermedad: su impacto sobre la calidad de vida y la adhesión al tratamiento.

 

Un buen diálogo médico-paciente se basa en la escucha activa y en la actitud personalizada que adopte el dermatólogo. No hay nada que le  resulte más doloroso al paciente que un médico cuya atención se encuentra en otra parte.

 

Un dermatólogo que sepa escuchar también sabrá cómo hacerle las preguntas adecuadas al paciente y cuándo. Al paciente le tranquilizará que el médico comprenda perfectamente su situación, y le convencerá de que tiene una relación individual con su médico. En algunos casos el médico tiene que animar al paciente a que le haga preguntas.

 

Si presta mucha atención a lo que dice el paciente, el dermatólogo comprenderá mejor cualquier problema psicológico. Por ejemplo, podrá evaluar mejor el nivel de autoestima del paciente, y comprobar si éste ya era bajo incluso antes de declararse la enfermedad. En tal caso, podrá concluir que el paciente puede no estar preparado para hacerle frente a la afección y que, aun cuando solamente tenga dos placas de psoriasis, creerá que su enfermedad es grave.

 

El que se disponga de poco tiempo para las visitas no debería ser un obstáculo, ni para establecer una relación de confianza entre el médico y su paciente, ni para que el médico pueda apreciar la dimensión psicológica de la afección.

 

Conocimientos

 

La relación médico-paciente es desigual, puesto que el paciente está en una situación más precaria. El paciente puede sentirse más vulnerable a causa de la enfermedad, o incluso como si experimentase una regresión a la infancia. No obstante, la relación médico-paciente se ha desarrollado en general en una dirección positiva, y actualmente es más flexible. Esto se debe en gran parte a las asociaciones de pacientes, que informan mejor a los enfermos y les involucran más en la elección de terapia.

 

No obstante, el médico sigue teniendo más conocimientos. Por este motivo, los pacientes pueden sentirse impotentes si el dermatólogo no les suministra la información necesaria, o si utiliza una jerga médica incomprensible.

 

En tal caso, los pacientes tienden a buscar la información por otros canales, el Internet o revistas especializadas, por ejemplo.

 

La información obtenida fuera de la consulta del médico suele ser provechosa con una excepción: existe el riesgo de que los pacientes desarrollen una perspectiva demasiado generalizada de la psoriasis, mientras que cada caso es individual. Pero de todas formas, nada puede reemplazar la comunicación directa entre el paciente y el dermatólogo, y éste último debería dar respuesta a todas las preguntas (incluidas las que parezcan superfluas) lo más detalladamente posible.

 

El dermatólogo debería poder detectar las señales de depresión en pacientes de psoriasis. Además del sufrimiento que causa la depresión, también constituye un obstáculo para la adhesión al tratamiento, y por tanto para el éxito de la terapia.

 

Actitudes

 

El dermatólogo también deberá discernir cuál es la actitud del paciente con respecto a la psoriasis. Dicha actitud puede ser consciente o inconsciente, y está asociada a factores como el entorno del paciente y su historia familiar y personal. Suele generar determinadas creencias y/o comportamientos. También hay pacientes que transfieren sus creencias sobre la enfermedad a otros. Por ello hay pacientes que pueden convencerse de que todos les rechazarán debido a la psoriasis.

 

La relación médico-paciente dista mucho de ser impersonal, puesto que en ambas partes se crean unos sentimientos positivos y negativos. Estos sentimientos pueden impulsar u obstaculizar la comunicación. Vale la pena reflexionar sobre el grado en que la relación médico-paciente se ve influenciada por las respectivas personalidades. Por ejemplo, un paciente "dependiente" tendrá problemas para conseguir tomar decisiones, y necesitará continuamente los consejos y el apoyo del médico. El médico ideal para este paciente sería probablemente un tipo más bien paternalista.

 

Por otra parte, un paciente "obsesivo" (preocupado por detalles y que necesita orden y control) necesitará un médico ordenado y meticuloso, que le explique con claridad todos los detalles.

 

El paciente puede desarrollar una actitud positiva o negativa respecto al médico, basada en los comportamientos relacionales aprendidos en la infancia, lo que los psicólogos denominan "transferencia". Algunos pacientes adoptan una actitud excesivamente dócil y educada hacia sus médicos, siguiendo el tratamiento al pie de la letra. En el otro extremo tenemos a pacientes que se comportan como adolescentes, rebelándose constantemente contra la autoridad médica. Éstos pueden criticar cualquier decisión o terapia sugerida por el médico.

 

También existe la contra-transferencia por parte del dermatólogo, que consiste en sus reacciones ante el paciente, que pueden a su vez ser positivas o negativas. Naturalmente, las reacciones del médico se basan en sus propias experiencias vitales. Éste debe preguntarse por qué eligió ser médico. ¿Cuál es su actitud ante la enfermedad y la muerte? ¿En qué consiste el "tratamiento" para él?

 

Tener conciencia de sus propios procesos psicológicos ayudará a los médicos a actuar en las situaciones que se originan en la práctica diaria de la medicina. Por ejemplo, los médicos pueden sentirse impotentes cuando la terapia no tiene el efecto deseado. Deben ser conscientes de este sentimiento, ya que de otro modo podría hacer que se desanimen, y que pierdan interés por el paciente. "El médico debe recordar que 'tratar' no siempre significa 'curar'. Para curar a un paciente, el médico también debe ofrecerle confianza y apoyo," añade la Dra. S C.

 

Adhesión – seguir las instrucciones de su médico

 

Un estudio reciente* sobre pacientes de psoriasis (que fueron observados durante tres meses después de la primera visita) demostró que solamente el 61% del tratamiento fue seguido adecuadamente. Se encontraron varios motivos para la falta de adherencia. Los pacientes opinaban que el tratamiento les imponía restricciones, tenían miedo de los efectos secundarios, o perdían el ánimo ante la falta de resultados. Por tanto es esencial que el dermatólogo explique el tratamiento con claridad, y que ayude a los pacientes a tener una opinión realista en cuanto a su eficacia. La decisión sobre el tratamiento adecuado deberían tomarla conjuntamente médico y paciente. El dermatólogo no solamente debería poder identificar las expectativas del paciente, sino también todo tipo de escepticismo psicológico. No debería imponerse un tratamiento al paciente.

 

Si los pacientes se sienten realmente involucrados en la toma de decisiones, aceptarán mejor el tratamiento y los efectos secundarios, y en consecuencia, podrán hacerle frente mejor a su afección. La no adherencia es de hecho una oportunidad para que el médico establezca una relación más sincera con sus pacientes, para que los pacientes le expongan al médico los motivos por los que han abandonado la terapia, sus temores y su actitud respecto a la enfermedad.

 

Desafortunadamente, en las dermatosis crónicas los tratamientos suelen tener poco éxito. Los dermatólogos pueden reaccionar mejor ante el fracaso terapéutico evitando medidas que se prolonguen innecesariamente y que al fin y al cabo sean infructuosas (y que sólo reforzarán la hostilidad de ambas partes), y convirtiendo a sus pacientes en aliados en su propia terapia.

 

Referencias
-Dermatologie: Clés de communication médecin-patient, Dr. Sylvie Consoli, Pr. Silla Consoli, publicado por Editions Scientifiques L&C; Leo

 

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