Factores inmunológicos
Los factores inmunológicos provocan reacciones inflamatorias en la epidermis.
Estructura de la piel
La piel está formada por la epidermis, la dermis y la hipodermis. La epidermis se compone principalmente de queratinocitos (células que fabrican la capa córnea que protege la piel); melanocitos (células que fabrican los pigmentos responsables del bronceado y la protección de la piel); y células de Langerhans (que juegan un papel clave en la protección inmunológica, y en las terminaciones nerviosas conectadas directamente al sistema nervioso central y que controlan la mayoría de las funciones de la piel).
La piel afectada por la psoriasis tiene un defecto básico:
Las células se renuevan con demasiada rapidez
Es sabido que debido a la psoriasis, la epidermis se renueva con demasiada rapidez – a un ritmo que es de cuatro a seis veces mayor que el de la piel normal. Esto se debe a que los queratinocitos de la epidermis se multiplican de forma anómala, y fabrican una queratina de mala calidad que forma las escamas.
Las principales células de la dermis, los fibroblastos, controlan el recambio de queratinocitos. No obstante, dicho control es defectuoso en los casos de psoriasis.
Reacción de inflamación de la piel
Además del veloz ritmo de recambio de queratinocitos, la psoriasis es el resultado de unas reacciones de inflamación de la piel. Son dos los tipos de células que provocan la inflamación: los neutrófilos polimorfonucleares y los linfocitos T, que tienen un papel clave en la capacidad de respuesta inmunológica.
¿Qué le pasa a la piel?
Los neutrófilos polimorfonucleares se ven atraídos por el estrato córneo (la capa córnea externa de la epidermis). Despegan la capa superficial de la piel y provocan una irritación continua que es más grave que la causada por el rascado. Como consecuencia, la piel inicia un proceso permanente de cicatrización. Estas células están por tanto involucradas en el proceso de mantenimiento de la inflamación de la epidermis.
La piel se ve además atacada por las células T, que mantienen activa la respuesta inflamatoria. En los casos de psoriasis se da una respuesta crónica persistente de las células T. (1)
Las células T participan en la puesta en marcha y mantenimiento de la inflamación de la piel liberando determinadas citoquinas, que tienen una función pro-inflamatoria.
La psoriasis parece una enfermedad autoinmune; es como si se confundiera a una molécula de la piel con un cuerpo extraño y el sistema inmune la atacara, con una respuesta exagerada al “ataque”. No obstante, la clasificación de la psoriasis como enfermedad autoinmune es fruto de controversia. Es evidente que las células T asociadas a las lesiones son de gran importancia en la psoriasis, pero no se ha demostrado que dichas células sean autoreactivas (2).
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