¿Qué causa la psoriasis?

 

Factores genéticos

Factores inmunológicos

Factores medioambientales

 

La psoriasis es una afección debida a causas múltiples, que pueden ser de carácter genético, inmunológico, medioambiental y psicológico. Estos factores alteran el funcionamiento de las células epidérmicas, en especial de los queratinocitos y los fibroblastos (1).

 

 

Factores genéticos

 

Muchos estudios realizados indican que existe posiblemente una predisposición genética a la psoriasis (2). No obstante, no existe un gen específico de la psoriasis, sino una serie de características genéticas que hacen que el paciente sea más propenso a desarrollar esta enfermedad (1).

 

Varios estudios demuestran que en un porcentaje que va del 30% al 50% de los casos de psoriasis existe una historia familiar de la enfermedad.

 

Sin embargo, los estudios realizados con gemelos monozigóticos (o idénticos) han demostrado que sólo en el 70% de los casos sufrían de psoriasis ambos gemelos (1). Si la herencia hubiese sido la única causa, el porcentaje debería haber sido del 100%. Estos estudios demuestran por tanto que la psoriasis depende de otros factores.

 

Nuestros conocimientos actuales sobre los genes asociados a la psoriasis todavía son insuficientes. No obstante, los estudios realizados con familias de personas psoriásicas demuestran que existen regiones cromosómicas asociadas a esta enfermedad (1). Estos grupos de genes que producen la inflamación de la piel varían de una familia a otra y de un paciente a otro.

 

Los investigadores confían en que dentro de pocos años se podrán identificar diversos tratamientos adecuados a las características genéticas de los pacientes de psoriasis (1).

 

Grupos no afectados

 

Algunos grupos, como el de los pueblos nativos americanos de los Andes y los esquimales, no contraen la psoriasis. Esto podría ser debido a diferencias genéticas asociadas a factores medioambientales.

 

Más información sobre factores genéticos.

 

Factores inmunológicos

 

Los factores inmunológicos provocan reacciones inflamatorias en la epidermis.

 

Estructura de la piel

 

La piel está formada por la epidermis, la dermis y la hipodermis. La epidermis se compone principalmente de queratinocitos (células que fabrican la capa córnea que protege la piel); melanocitos (células que fabrican los pigmentos responsables del bronceado y la protección de la piel); y células de Langerhans (que juegan un papel clave en la protección inmunológica, y en las terminaciones nerviosas conectadas directamente al sistema nervioso central y que controlan la mayoría de las funciones de la piel).

 

La piel afectada por la psoriasis tiene un defecto básico:

 

Las células se renuevan con demasiada rapidez

Es sabido que debido a la psoriasis, la epidermis se renueva con demasiada rapidez – a un ritmo que es de cuatro a seis veces mayor que el de la piel normal.  Esto se debe a que los queratinocitos de la epidermis se multiplican de forma anómala, y fabrican una queratina de mala calidad que forma las escamas.

Las principales células de la dermis, los fibroblastos, controlan el recambio de queratinocitos. No obstante, dicho control es defectuoso en los casos de psoriasis.

 

Reacción de inflamación de la piel

Además del veloz ritmo de recambio de queratinocitos, la psoriasis es el resultado de unas reacciones de inflamación de la piel. Son dos los tipos de células que provocan la inflamación: los neutrófilos polimorfonucleares y los linfocitos T, que tienen un papel clave en la capacidad de respuesta inmunológica.

 

¿Qué le pasa a la piel?

 

Los neutrófilos polimorfonucleares se ven atraídos por el estrato córneo (la capa córnea externa de la epidermis). Despegan la capa superficial de la piel y provocan una irritación continua que es más grave que la causada por el rascado. Como consecuencia, la piel inicia un proceso permanente de cicatrización. Estas células están por tanto involucradas en el proceso de mantenimiento de la inflamación de la epidermis.

 

La piel se ve además atacada por las células T, que mantienen activa la respuesta inflamatoria. En los casos de psoriasis se da una respuesta crónica persistente de las células T. (1) 

 

Las células T participan en la puesta en marcha y mantenimiento de la inflamación de la piel liberando determinadas citoquinas, que tienen una función pro-inflamatoria.

 

La psoriasis parece una enfermedad autoinmune; es como si se confundiera a una molécula de la piel con un cuerpo extraño y el sistema inmune la atacara, con una respuesta exagerada al “ataque”. No obstante, la clasificación de la psoriasis como enfermedad autoinmune es fruto de controversia. Es evidente que las células T asociadas a las lesiones son de gran importancia en la psoriasis, pero no se ha demostrado que dichas células sean autoreactivas (2).

 

 

Factores medioambientales

 

 

En pacientes con una predisposición genética a la psoriasis, las erupciones de la enfermedad pueden ser debidas a factores medioambientales internos y externos. Todos estos factores aceleran el ritmo de renovación de la piel.

 

Los factores externos incluyen los cambios estacionales y las ropas que rozan la piel.

 

Los factores internos incluyen el estrés emocional, algunos medicamentos y enfermedades infecciosas.

 

El estrés suele ser el responsable de las erupciones de psoriasis, y va desde el causado por el inicio de la temporada escolar hasta los traumas psicológicos graves. Se trata de un factor importante que puede conducir al primer brote de psoriasis y a recaídas consecutivas.

 

Se cree que los bloqueadores beta, el litio y las quinolinas son algunos de los medicamentos que pueden provocar la enfermedad. Una interrupción brusca de la corticoterapia también puede exacerbar la psoriasis.

 

En los niños la psoriasis guttata se suele desencadenar a raíz de infecciones estreptocócicas.

 

Estilo de vida y psoriasis
Algunos estilos de vida hacen que aumente considerablemente el riesgo de desarrollar psoriasis. La enfermedad está especialmente asociada al hábito de fumar.
El alcohol y la obesidad también pueden ser factores agravantes.

 

Como toda enfermedad que afecta la calidad de vida y que es desencadenada por el medio ambiente, no se puede controlar la psoriasis sin tener en cuenta múltiples factores.

La psoriasis no es una enfermedad mortal, y el principal objetivo del tratamiento es mejorar la calidad de vida del paciente. Por tanto es este último quien decide, con el asesoramiento del dermatólogo, qué tratamiento se le adapta mejor. La estrategia terapéutica a seguir debería estar basada en el diálogo entre médico y paciente.

 

 

El papel del sistema nervioso en el desencadenamiento de la psoriasis y su reaparición
La hipótesis se ve apoyada por diversos fenómenos:

- Las placas psoriásicas son perfectamente simétricas.
- El estrés va ligado con frecuencia al inicio de las erupciones de psoriasis.
- Por último, el sistema nervioso libera determinadas sustancias químicas como la sustancia P y los péptidos derivados de la alfa-MSH, que pueden modular el ritmo de recambio de la piel.

 

Referencias:

1) Schon, N Engl J Med, 2005.

2) Bowcock & Krueger, Nat Rev Immunol, 2005.